El punto de partida
Antes de Everest, la vida de un operario de mantenimiento dependía de BINSA y de mucho boca-oreja. BINSA no es lento en sí mismo, pero la información que contiene es lenta de leer: no está pensado para que un operario en la calle sepa en dos segundos qué le toca hoy, documente una visita con fotos y firmas, y que esa información llegue de inmediato a quien gestiona incidencias.
El resultado, antes de digitalizarlo: partes de trabajo en papel o por WhatsApp, incidencias que se perdían o llegaban tarde, y ningún control real de cuánto se tardaba en cada servicio ni de si se cumplía la periodicidad contratada con el cliente. Modernizar esto significaba construir dos piezas que hablaran entre sí en tiempo real: una app móvil para los operarios y un panel de administración para quien gestiona las rutas.
La app: Everest Connect
Esa app se llama Everest Connect, y su filosofía es sencilla: un operario, un dispositivo, una jornada al día. Por debajo, sin embargo, hay bastante trabajo de ingeniería, sobre todo en dos frentes: el modo offline y el seguimiento por GPS.
Un día normal con la app funciona así:
- El operario inicia sesión con su ID y contraseña, sin necesidad de email.
- Empieza la jornada y ve qué compañeros de su ruta ya están activos, decidiendo si trabajan juntos.
- El GPS se activa automáticamente mientras dura la jornada.
- Entra en la lista de trabajos de su ruta del día, con instalación, dirección, última visita e indicadores de urgencia o incidencias previas.
- Al iniciar un servicio, este queda marcado como "en curso" para todo el equipo, pero solo quien lo inició puede cerrarlo.
- Documenta la visita con fotos, firma del operario y del cliente, y puede añadir incidencias.
- Cierra el trabajo como completado o no realizado, generando en este último caso un ticket de seguimiento automático.
- Al final del día, detiene la jornada; si se olvida, el sistema la cierra igualmente más tarde, marcándola para que quede claro que no se cerró manualmente.
El reto real: que funcione sin cobertura
La decisión de diseño más importante detrás de Everest Connect es esta: un operario en una zona sin cobertura no puede quedarse bloqueado. Por eso, la sesión nunca expulsa al operario solo porque falle la conexión, y casi todo lo que ocurre dentro de un trabajo —notas, fotos, firmas, cierre— se puede hacer sin red, guardándose localmente y sincronizándose en cuanto vuelve la conexión.
Solo hay tres momentos donde sí se necesita conexión: iniciar jornada, iniciar un trabajo nuevo, y el login. Son los únicos casos donde el sistema tiene que decidir entre varios operarios, por ejemplo quién es realmente el responsable de un trabajo si dos personas lo abren casi al mismo tiempo.
El panel de administración: donde se decide quién va a dónde
El panel web es donde los administradores gestionan todo lo que la app consume, y ahí también hay piezas interesantes:
- Gestión de operarios y rutas, con asignación de colores identificativos para verlos fácilmente en el mapa.
- Planificación automática de servicios según reglas de periodicidad configurables, con reordenación manual cuando hace falta.
- Un mapa en tiempo real que muestra dónde está cada operario, el estado de su jornada, y el recorrido del día.
- Cálculo de rutas óptimas apoyado en tráfico en tiempo real.
- Un algoritmo propio de optimización de carga entre rutas, pensado para repartir mejor los servicios cuando una ruta se sobrecarga.
- Gestión de tickets e incidencias generados automáticamente desde la app.
- Auditoría de horas trabajadas, exportable, pensada para poder justificar la jornada ante una inspección.
Lo que sostiene todo por detrás
Cada noche, Everest reconcilia lo que BINSA dice que existe con lo que ya tiene guardado, sin que BINSA avise explícitamente de altas o bajas: simplemente deja de enviar lo que ya no aplica. Ese tipo de detalle, invisible para el operario que solo ve su lista de trabajos del día, es el que determina si todo el sistema es fiable o no.
Si gestionas equipos de campo y arrastras el mismo problema de partes en papel o WhatsApp, hablemos.
